En el artículo de hoy os vamos a hablar de 5 errores muy comunes, habituales en las mezclas de productores, principiantes y no tan principiantes, para que entendáis por qué hay que evitarlos y qué hay que hacer para no caer en ellos

Además, todos están relacionados en mayor o menor medida con la psicoacústica, la ciencia que investiga la relación entre las propiedades físicas del sonido y la interpretación que hace de ellas nuestro cerebro. Este tipo de conocimiento puede resultar muy útil a la hora no sólo de mezclar, también de hacer música, así que os recomendamos que exploréis un poco ese campo si no lo habéis hecho. 

Por ahora, os dejamos con nuestros consejos prácticos para no cometer estos fallos.

 

1. No utilizar tracks de referencia

 


El motivo es sencillo: cuando llevamos mucho tiempo trabajando en un proyecto, lo normal es que nuestro oído y nuestra mente se hayan acostumbrado a los fallos que este ya pueda tener. Además, si nos fijamos en el trabajo de productores o ingenieros que sabemos que suenan muy bien y lo comparamos con el nuestro, es más fácil reconocer sus excesos o carencias. Estos temas de referencia deben usarse como una guía para llegar a nuestro objetivo a nivel sonoro, sin que necesariamente intentemos replicarlos exactamente igual. 

Nos ayudarán a ver si nuestros elementos están bien equilibrados entre sí, si nuestro tema tiene demasiados graves o agudos en comparación a aquellos que nos gustan, si los instrumentos están bien distribuidos o si su imagen estéreo es lo suficientemente ancha. 

Todo esto nos permitirá tomar decisiones de forma más inteligente, sin ir a ciegas ni basándonos en una intuición que puede estar castigada o penalizada por muchas horas de escucha de nuestro trabajo.

Además, usarlos no hará que pierdas tu sonido, al contrario, hará que te sea más fácil encontrarlo al poder compararlo con el de aquellos productores o ingenieros de mezcla que te gustan, permitiéndote decidir si quieres parecerte más o menos a ellos. 

 

2. Mezclar a niveles altos de volumen

 

Cuando subimos el volumen todo parece sonar mucho mejor: los graves tienen más fuerza, los elementos se sienten más grandes… o eso nos dice nuestro cerebro. Todos estos fenómenos psicoacústicos, que alteran nuestra percepción y nos hacen creer que nuestra mezcla suena mejor de lo que lo hace en realidad, tienen una solución tan sencilla como el origen del problema: bajar el volumen.

A la hora de mezclar, hacerlo con unos niveles cercanos a los de una conversación nos ayudará mucho a encontrar desequilibrios entre frecuencias o sonidos, diferencias en la dinámica, enmascaramientos o falta de presencia de algunos elementos.

Además, el nivel de volumen alto acelera el proceso de fatiga auditiva, haciendo que nos cansemos mucho antes, que no estemos tan frescos y tomemos decisiones equivocadas.

 

3. Mezclar en ‘solo’

 

Este es sin duda uno de los más habituales. Cuando mezclamos, nuestro objetivo es hacer que el conjunto de todas las pistas suene lo mejor posible. En ese caso, ¿por qué tomar decisiones y hacer procesos sobre las pistas en ‘solo’? Si nos paramos a pensarlo, obviamente es un error, uno que muchos cometemos, por que es muy fácil mutear el resto de elementos y ver cómo le sacamos todo el carácter y la pegada a nuestro bajo… para volver a activarlo todo y comprobar que no encaja con el resto de pistas porque no lo estábamos escuchando todo en conjunto.

Ajusta tu ecualizador, tus faders, compresores, etc. mientras suena toda la mezcla, en contexto. No es malo aislar sonidos para procesarlos, pero las decisiones sobre la mezcla hay que tomarlas siempre escuchando todo el conjunto para que lo que hacemos tenga sentido y sea efectivo.

 

4. Exceso de reverb

 

Mezclar en entornos con tratamiento acústico insuficiente es una de las principales razones por las que esto sucede, ya que cuando nuestro espacio no está acondicionado escuchamos su propia reverb además de la que nosotros estamos añadiendo, haciendo difícil discernir cuál es la cantidad adecuada de efecto que debemos aplicar en nuestra producción. Esto resultará en mezclas sin definición por exceso de reverb, o por el contrario, en mezclas carentes de profundidad, espacio o naturalidad por la falta de este efecto

Una forma de evitar este problema (y muchos otros) es escuchar nuestra mezcla en diferentes equipos antes de darla por acabada. Todo vale y cuantos más utilicemos mejor: unos auriculares, nuestro móvil, un altavoz bluetooth, un portátil, el sistema de sonido del coche o una segunda referencia si disponemos de ella en nuestro ‘home studio’, ya sean auriculares profesionales, otra pareja de monitores diferente a la que usamos habitualmente… Lo importante es poder comprobar nuestra mezcla para ver cómo suena en diferentes equipos.

Es importante saber que la tendencia habitual es pasarnos de reverb cuando usamos monitores y quedarnos cortos cuando usamos auriculares, por el motivo ya mencionado de la acústica de nuestro entorno, así que ten en cuenta este factor cuando hagas esas escuchas.

 

5. No comprobar problemas de fase

 

Los problemas de fase son unos de los más típicos y a la vez más complicados de detectar cuando no somos expertos si no los buscamos por iniciativa propia. Sobre todo, por el hecho de que pueden aparecer de varias formas y en cualquier parte de nuestro trabajo, y no siempre son fácilmente audibles. 

Desde las grabaciones de un mismo instrumento con varios micrófonos al procesado multibanda, hay muchas causas de este tipo de problemas. Lo importante es tener métodos para detectarlos y solucionarlos.
Utilizar software específico como PAZ Analyzer de Waves o Voxengo PHA-979  para detectar problemas de fase en los diferentes instrumentos o rangos de frecuencia es una muy buena idea, al igual que hacer escuchas en mono y escuchar atentamente a cualquier cancelación de sonido, que se traduciría en la desaparición de instrumentos o partes de ellos.

Además, cuando hacemos capas de sonido, utilizar herramientas que nos permitan invertir la fase de una de las capas, (como ‘Utility’ en Ableton o ‘Gain’ en Logic) nos revelará si hay problemas de fase entre ellas. La forma de saberlo es comparar el sonido resultante de la mezcla de capas invirtiendo la fase en alguna de ellas. Si notamos diferencias audibles, sabremos que la posición en la que todo suene mejor es la que tendrá menos problemas de fase.

En este caso, cuanto más leamos, practiquemos y escuchemos buscando atentamente este tipo de problemas, más rápidamente aprenderemos a detectarlos y solucionarlos.

 

➡️¡Esperamos que estos consejos os hayan sido útiles!